Con lo cohetes en la playa del último día de la Feria se acaba el verano; eso se ha dicho siempre en Motril. Este año, además, el viento de poniente se ha sumado al final de la fiesta anunciando la inminencia del fin de los días de verano.

Apartamentos y urbanizaciones en las playas comienzan a vaciarse a partir de estas fechas. Chiringuitos, restaurantes, locales ven cómo el día a día va flojeando aunque siguen confiando en recuperar el ajetreo y el negocio durante los fines de semana.

Los niños y niñas saharauis vuelven a sus campamentos de refugiados a sobrevivir aferrados al sueño de retornar algún día a su país ocupado y poder sentirse, de nuevo, hijos de las nubes como sus antepasados.

Poco a poco, la ciudad va dando la espalda a la playa, que va adquiriendo un aspecto cercano a la desolación, de cierto abandono, de precariedad en sus calles e infraestructuras. Pronto, con las primeras lluvias, volverán las sempiternas inundaciones, las balsas de agua en el Pelaíllo, los charcos y goteras en Santa Adela y Varadero.

Sin embargo, la ciudad va recuperando su pulso. De nuevo empieza el curso en todos sus ámbitos: escolar, político, municipal, cultural, deportivo…. y no dejamos de tener la sensación de que entramos en el tedioso bucle de la cotidianeidad. Y, cómo no, otra vez el fútbol, ese espectáculo de distracción masiva que ocupa la centralidad de la vida de tantos y que mueve las emociones de propios y extraños.

Los días vuelven a ser frenéticos: colegio, trabajo, actividades… Es la hora de los y las valientes, madres y padres para los que la conciliación de la vida laboral y familiar no es más que una expresión vacía y ajena a su realidad, normalmente conformada por un empleo precario o con condiciones laborales salvajes en el que no queda otro remedio que resistir. También es el momento de los imprescindibles, de los abuelos y de las abuelas que, cada vez más, hacen posible con su entrega y dedicación que las cosas puedan salir adelante, sobre todo en los hogares más humildes.

En nuestra ciudad se cumplirán los primeros cien días del nuevo equipo de gobierno municipal y con ellos el fin de la cortesía institucional. Ya no habrá excusas; es la hora de la verdad: las promesas electorales deberán cumplirse, las expectativas generadas, tomar forma, la cohesión y la solidez del equipo de gobierno municipal, hacerse visible. Sobre todo, convendría ya, después de este período, ir desterrando del vocabulario de ediles y responsables municipales la expresión herencia recibida, tan querida por unos como denostada por otros. Ya no toca.

Son muchos los asuntos por resolver, innumerables los problemas que aquejan a la ciudad y que sufren a diario sus ciudadanos y ciudadanas. Para empezar será interesante comprobar si se tiene voluntad de gobernar la ciudad de otro modo, de ejercer otra manera de hacer política abriendo las puertas y las ventanas de la gestión municipal a la participación de la sociedad civil. Una participación que no resulte meramente formal ni cosmética, sino que se traduzca en la implicación real de la ciudadanía en la resolución de los asuntos que les afectan.

En los próximos meses veremos también cómo se va perfilando el diseño del modelo de ciudad que quieren para Motril sus gobernantes y si no se desaprovecha de nuevo la oportunidad para hacer de nuestra ciudad una comunidad más justa, más equilibrada socialmente, más responsable y sostenible medioambientalmente, más imaginativa en la definición de su modelo productivo. En fin, una ciudad como espacio de convivencia para todos sus habitantes.

Vamos a ello.

José García Llorente

(Periodista)