Foto Bernardo Roa

José Manuel Cortés.– Terminado el invierno, a mitad de la primavera, se acaba la obligada temporada de vacaciones de los pueblos de la Costa por falta de visitantes. Todos ellos se preparan para abrir de nuevo sus puertas a todo foráneo que quiera visitarlos. Calahonda también.

Ya han pasado los tiempos de lluvias, vientos invernales y temporales de levante; se acerca el estío, se acaban los colegios, arranca el periodo vacacional de muchos.

Gentes de Granada, Jaén, Córdoba, incluso de Francia, Bélgica, atraídos por su playa, sus aguas cristalinas, sus bellezas naturales, sus gentes, su gastronomía, escogen este pequeño pueblo, pedanía de Motril, para pasar unos días.

Los empresarios de la zona adecentan, embellecen, preparan sus establecimientos; el Ayuntamiento, los lugares públicos al tiempo que adecúa sus servicios a la ciudadanía.

Es el tiempo de los pintores, pintando interiores y fachada; de los fontaneros, arreglando alguna mala conexión en el grifo de la cocina o del cuarto de baño; de los carpinteros, ¡ay esa puerta que con la humedad no cierra, esas bisagras oxidadas!; se preparan las terrazas de los bares y restaurantes con sus pérgolas nuevas y sus sillas, a veces de propaganda de alguna marca de cervezas; los chiringuitos instalan sombrillas y tumbonas en la playa junto a ellos; todos se afanan en dejar Calahonda reluciente.

Todo esto está empezando a ocurrir, durante este mes de mayo y parte de junio. Calahonda tiene que estar abierto para los meses de junio, julio, agosto y septiembre. Lástima que no esté abierto durante todo el año pero es lo que hay. Por eso es el momento de preguntar, de planificar, de arreglar desperfectos. Ya sabemos que un año más no le han concedido la Bandera Azul.

Calahonda fue la primera y única playa de la provincia de Granada que la obtenía año tras año. Desde hace dos ya no lo consigue ¿Por qué? Aún no he oído una respuesta convincente, unos dicen que por falta de socorristas lo que implicaría una falta de seguridad en la playa, otros que no hay presupuesto, los de más allá que hay un tope de gasto y que ese ya se ha alcanzado.

Todas son excusas a una mala gestión y tal vez a una falta de voluntad. Si se quiere conseguir algo se ponen todas las fuerzas, todas las voluntades para conseguirlo. Si hay que bajar el gasto de otras partidas se baja. Al final una Bandera Azul trae más riqueza al pueblo.

Esperemos que se cambie esta inercia y que el año que viene se vuelva a la senda correcta y se tenga una Bandera Azul ondeando en nuestra playa. Se preparan las fiestas patronales que se celebran cuando hay más gentes de fuera que del pueblo: lógico, hay que dar vida cultural, económica, costumbrista a Calahonda y es el momento.

Se debería hacer de forma y manera que las festejen todos: caleños y no caleños, que todo el mundo disfrute de ellas pero siempre respetando a unos y a otros, no lisonjeando a unos mientras se conculcan los derechos de otros, respetando y cumpliendo todas las normas de convivencia y funcionamiento colectivo, esas que las mismas autoridades municipales dictan sobre: horarios, instalaciones, seguridad, higiene, etc.

Es tiempo de pensar, de perseguir que los fuegos artificiales vuelvan a su lugar tradicional: el Tajo, no la playa. Si se quiere, se puede; si se puede, se consigue.

Es el momento de adecuar los servicios: limpieza, urbanismo, en definitiva, todos los servicios prestados por el Ayuntamiento, al número de habitantes de Calahonda, número que se puede multiplicar por siete, ocho o más en la mitad del verano. Es tiempo, cómo decía antes, de preparar la apertura estival de Calahonda.

Hagámosla lo mejor posible. Y pongamos las bases pero pongámoslas todos: munícipes, empresarios, pueblo caleño, foráneos, todos juntos, remando en la misma dirección, para que Calahonda sea la más guapa de todas las playas y si es posible permanezca abierta todo el año.

¡Feliz verano a todos!