Tremendo espectáculo el que sufrimos esta mañana los que salimos a practicar jogging, footing, “running” o como demonios se llame el trote ligero que nos encamina hacia la Chucha por el borde de la mar.

Hay veces en esta vida que piensas que el mejor modo de convencer a los incrédulos es mostrar una foto de lo que quieres acreditar, pues nada más cierto que más vale una imagen que cien palabras, o que mil, no sé.

Sin embargo, esta mañana he preferido no sacar la foto; pues aunque haya incrédulos que duden, prefiero que pueda ponerse en tela de juicio la verosimilitud de lo que cuento a que una imagen de la cochambre del paseo marítimo de Calahonda pueda verse desde cualquier parte del mundo mundial.

Pero mi visión mañanera no es más que el colofón de una noche vandálica en Calahonda, hecho que ayer ya tuvo sus prolegómenos.

Porque Calahonda ha sido durante la madrugada de hoy, más que nunca, la ciudad sin ley. Cuando gamberros de todas clases y pelajes han pululado con coches y motos ruidosas a gran velocidad por las calles, sin ningún tipo de freno ni cortapisa, y han deambulado durante toda la santa noche, teniendo en obligada vigilia al vecindario, gritando, peleándose entre sí, vociferando en todo caso, sin una palabra que no fuera malsonante.

La “innovación” de este año, la lamentable “reina de las fiestas”, ha sido el escándalo callejero que montado por venados que no ni tienen idea de lo que es el civismo ni la educación y que han campado a sus anchas ante la negligencia o la permisividad de la alcaldesa.

Esta noche no había veda para que cualquiera hubiera hecho en Calahonda, simplemente, lo que hubiera querido, de modo que lo peor no es, si cabe, lo que ha ocurrido sino lo que puede estar por venir. Mucho cuidado con el efecto llamada.

Así que me he contenido a la hora de tomar una foto, pero lo que no voy a hacer es callarme.

Y me dirijo, naturalmente, a la alcaldesa de la ELA. Me trae al pairo el juego de competencias, pero si organiza unas fiestas poniéndose por ello las medallas correspondientes, de igual modo ha de aceptar las responsabilidades que de ello derivan.

Y la alcaldesa no puede consentir, como estoy seguro que tampoco ninguno de los vecinos, máxime cuando pagamos aquí religiosamente nuestros impuestos, lo que aquí ha sucedido.

A la alcaldesa, como decía al principio, se le han ido las fiestas de las manos porque no ha sido capaz de ejercer sus competencias ni de coordinar actuaciones en aquellas otras materias en las que carezca de aquéllas. Si hubiera existido presencia policial, suficiente y durante toda la noche, seguramente no se habría producido el vergonzoso espectáculo del paseo marítimo a la Chucha, literalmente alfombrado de bolsas, vasos, botellas, cristales, y desperdicios y cochambre de todo tipo. La alcaldesa sabrá las toneladas de inmundicias que los diligentes empleados de la limpieza han debido retirar hoy, luchando a destajo contra toda la mierda que los gamberros dejaron esparcida por el suelo.

Si la alcaldesa está satisfecha con el transcurso de las fiestas de este año, es que no quiere ver la realidad, porque hoy por la mañana todos los que hemos intentado dormir en Calahonda sabemos que el pueblo ha sido pasto del vandalismo más impune del mundo. Hoy no se hablaba de otra cosa. Es un clamor popular señora alcaldesa, entérese.

La alcaldesa debe informar, con detalle y sin faenas de aliño, acerca de qué medidas de seguridad se han adoptado, incluidas las antiterroristas, durante las fiestas y particularmente durante los eventos con alta afluencia de público.

Tenemos derecho a saber qué tipo de presencia policial ha habido en Calahonda durante toda la noche del sábado, día 5 de agosto, al domingo, día 6, especificando dotaciones, número de agentes y lugares. Y, caso de ser sido adecuada, entonces lo que se nos tiene que explicar es el motivo por el que ha campado a sus anchas esta chusma salvaje.

Y si la alcaldesa no sabe o no responde es porque, definitivamente, las fiestas se le han ido de las manos.

F. Javier Alvarez de Cienfuegos Coiduras
Profesor Titular de Universidad 
Facultad de Derecho
Departamento de Derecho Privado, Social y Económico
Área de Derecho Romano

Universidad Autónoma de Madrid