Jesús Cascón.- Se repite la historia. Empieza a ser habitual que cada vez que los terroristas del estado islámico, cometen un atentado en nuestro viejo continente, y una vez que se ha enterrado a las víctimas, cuando en los medios de información y en las redes sociales  comienzan los BUENISTAS a hablarnos de que no caigamos en la tentación de caer en prácticas de islamofobia y que mucho cuidado con caer en el recurso fácil de cuestionar estas prácticas asesinas cuestionando al ISLAN, porque para estos todos los crímenes perpetrados en los últimos meses en Londres, Paris, Marsella o Barcelona nada tienen que ver con esa religión de tolerancia. Y esa presión queramos o no, en estos tiempos que corren, donde se impone lo POLITICAMENTE CORRECTO, es lo que lleva a más de uno a autocensurarse evitando opinar sobre los crímenes , llegando a obviar el hecho incuestionable que todos esos atentados perpetrados por estos musulmanes radicales se realizan invocando el nombre de ALA. Lo cual, y esto también es de justicia decirlo, no significa que los millones de musulmanes que hay en el mundo sean responsables. Pero negar esa realidad y con ello  intentar ocultar que se mata en nombre del islam no resolverá el problema. 
 
En este sentido los atentados llevados a cabo en Barcelona en estos días, no son ni mucho menos una excepción. Sin embargo hay una diferencia muy importante entre los atentados llevados a cabo en Europa y el llevado a cabo en nuestro País. La diferencia, radica y esto es lo grave, es que a esa presión preventiva se suma ahora la de aquellos que desde los medios y las redes sociales,  pretenden ejercer la censura ante cualquier crítica al nacionalismo catalán argumentando de qué nos servimos de los asesinatos para atacar al independentismo. Y es entonces, cuando algunos medios, y en regla general los opinadores tienen que hacer un autentico ejercicio de funambulismo al intentar hablar y  opinar sobre esos atentados islamistas cometidos en Cataluña sin poder hacer mención al islam ni por supuesto poder analizar la actuación del Gobierno de la Generalitat y sus contantes desafíos contra el Gobierno y  a los españoles durante estos días y cuyo cenit lo alcanzamos cuando a la hora de dar explicaciones sobre las victimas se llego a hablar de victimas de nacionalidad catalanas y victimas de nacionalidad española.
 
Llegado a este punto y como no estoy dispuesto a someterme a ese BUENISMO que nos invade, repetiré una vez mas y las que haga falta, que el islam, precisamente, no se distingue por respetar precisamente la mayoría de los derechos establecidos en Europa, entre otros los de las mujeres, y que por tanto es tan criticable a día de hoy como criticable ante de los atentados, como lo sería en  cualquier otra creencia. Convertir el Islam, como pretenden algunos, en una religión intocable porque se cometan atentados en su nombre, o no controlar a quienes hacen proselitismo de su versión más intolerante, sería un error catastrófico. Un erros que en una guerra como esta, terminaremos pagando con nuestras vidas, como ya lo han hechos esos cientos de ciudadanos occidentales abatidos en los últimos atentados.
 
Para terminar me gustaría agregar a lo expuesto, asumiendo el riesgo de ser lapidado por aquellos practicantes del BUENISMO y de la TOLERANCIA, que el llamado independentismo catalán no solo nos ha ofrecido durante las últimas horas un espectáculo bochornoso  en todas sus respuestas y actuaciones a estos crueles asesinatos, sino que ha comprometiendo seriamente la imagen internacional de España. Hechos como el que ya he mencionado anteriormente protagonizado por el consejero de Interior de la Generalitat diciendo que entre las víctimas se habían identificado a «dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española»; o esa otra en la que la Asamblea Nacional Catalana pidiendo a  los ciudadanos extranjeros que no usen la bandera española para solidarizarse con las víctimas en las redes y recomiende en cambio que se utilice la estelada, o la de los independentistas negándose a firmar el pacto antiyihadista y asistir a las reuniones solo  como «observadores», indican hasta qué punto llega la mezquindad de algunos. Pero para colmo de todo estos despropósitos, que la CUP, esos radicales que sostienen al endeble gobierno catalán, se nieguen a participar en una manifestación contra los atentados diciendo que el Rey es «culpable» de los asesinatos, o que el propio gobierno catalán se pliegue ante tales radicales y tarados impidiendo que tanto Felipe VI como el presidente del gobierno encabecen esa marcha para mostrar la unidad de todos contra el terrorismo, como por otro lado, se hace en cualquier otro país, es algo que sobrepasa todos los límites. Por todo ello que la respuesta que vayamos a dar los españoles en la calle ante los salvajes atentados  pueda estar condicionada por semejantes radicales fanáticos es algo inquietante.