Conchi González Cuellar      No es tanto miedo como expectación. Saber que se aproxima un monstruo de quinientos kilómetros de diámetro, con vientos de casi 300 kms/hora, no es algo que pueda dejar impasible a cualquiera.

Y el caso es que cuando me dijeron que se llamaba Irma pensé “¡Mira qué nombre tan bonito!”. Hace años, en Costa Rica, tuve una gran amiga que se llamaba así. Nunca he vuelto a conocer a nadie con este nombre, hasta ahora.

Mi vuelo desde Miami para volver a España debería despegar el domingo, pero con la visita de este inesperado huésped ya no sé que puede pasar. Si todo sale según lo previsto, lo tendremos en Florida el viernes. En Fort Myers, donde estoy en este momento, lo esperamos para la madrugada del sábado. ¡Y encima llega de noche!  Al menos por el día se puede ver algo alrededor, pero las noches pueden ser muy oscuras y el caos muy grande sin una bombilla para alumbrar, pues una de las primeras cosas que se espera es el corte de la luz.

Ayer los supermercados estaban saturados. No pude encontrar una batería para el portátil porque se habían agotado. Tampoco encontrábamos agua. Tuvimos que conformarnos con una botella de sabor afrutado para calmar nuestra sed del momento porque el imprescindible líquido había desaparecido de las estanterías. Los carritos repletos de víveres se amontonaban frente a las cajas de pago.

Las colas se suceden también en los dispensarios de gas propano y en las gasolineras, y los precios aumentan hasta un cincuenta por ciento ante la grandísima demanda de existencias. También los vendedores de láminas hacen su agosto: es mejor cubrir bien las ventanas, que son las partes más vulnerables de las viviendas. No obstante me pregunto: ¿Podrán resistir estas casas de madera, sin apenas cimientos, como la nuestra, el embiste de Irma? Lo sabremos en algunas horas. De momento mis amigos de la tribu están acondicionando un almacén construido con ladrillos para refugiarnos. Llevo con ellos más de dos meses y confío plenamente en su capacidad para hacer lo mejor en cada momento. Por ahora solo podemos prepararnos y esperar. ¡Irma está a punto de llegar a pasar el finde! Espero poder contarlo después de su visita. ¡Shalom!