Conchi González Cuellar-.  En Florida seguimos esperando a Irma. Los más optimistas dicen que  en las próximas horas se va a desviar hacia el norte, antes de lo previsto, y podremos dormir tranquilamente en nuestras camas el fin de semana. Los más pesimistas ya han llenado sus coches con lo imprescindible y forman una larguísima cola que va de sur a norte de la península intentando escapar de tan indeseado huésped.

Otros siguen en la cola de la gasolinera esperando a que se reponga el combustible que se agota en minutos después de que los camiones han vuelto a llenar los depósitos. El agua y el pan desaparece de los estantes de los supermercados tan pronto como se repone el producto y el paisaje de la vecindad se llena cada vez más de casas con ventanas tapadas y bolsas de arena encima de posibles objetos voladores.

Y no es fácil pensar en quedarse viendo lo que queda tras su visita. En las Islas del Caribe, Irma ha dejado un rastro desolador. Los muertos no son tantos, afortunadamente. Se cuentan diez víctimas, por el momento, y medio centenar de heridos, que como siempre ponen los más pobres. Los destrozos son impresionantes, según las noticias que nos llegan.

No se podía esperar menos de un monstruo con esa potencia (casi 300 kilómetros por hora) y ese volumen (casi el tamaño de España). En algunas islas del Caribe, como San Martín, Barbuda y Puerto Rico, van a tener que trabajar mucho y esperar bastante hasta que el paisaje se recupere del azote sufrido.

Los cubanos, por su parte, esperan a Irma con todo preparado para aguantar el embiste. Han llevado a los turistas a una zona segura, han preparado albergues, han protegido víveres y animales, han llevado grupos electrógenos a los hospitales para que sus enfermos no queden desatendidos, tienen las ambulancias a punto y el país entero en alerta para lo que haga falta. Porque el régimen cubano tendrá todos los defectos que queramos buscarle, pero en organización no les gana nadie.

Mientras tanto en el oeste de Florida seguimos mirando al cielo, que por cierto es uno de los más bonitos que he visto jamás, y diciéndonos, “¿Será verdad que algo tan malo puede venir de ahí arriba?” Lo sabremos en pocas horas. Lo que si parece difícil de creer es que este monstruo aguante tanto y durante tanto tiempo.

Para los que nos ha tocado estar en este lado hay  esperanza, los que están un poco más abajo en el Atlántico aún van a recibir la visita del primo de Irma, José, que ya está en nivel tres y gana fuerza por momentos. Que los ángeles nos protejan!