Sábado 9 de septiembre. 14:35 hora local

Conchi González Cuéllar.-  Las emociones a flor de piel. Desde hace unas horas pensando en escondernos aún más tiempo porque la noticia es que el huracán pasará mañana entre Naples y Tampa. O sea justo por aquí, Fort Myers. Eso significa estar en el ojo del huracán al cien por cien. Y la verdad, debe ser toda una experiencia verse rodeada por un viento que gira a tu alrededor a más de 250 kilómetros por hora, mientras una está ahí, en el medio, sin percibir siquiera una suave brisa y viendo el cielo azul por un agujerito. ¡Uf, ahora que lo pienso bien resulta incluso escalofriante! Y claro, lo peor ha de venir después, cuando el ojo avance en otra dirección y te quedes en medio del vendaval. Debe ser el momento más peligroso, así que estaremos alerta por si nos toca.

Por ahora son los cubanos los que están poniendo a prueba su capacidad de preparación, de previsión y su aguante. Me solidarizo con ellos y confío en ellos. Estoy segura de que todos los preparativos que hicieron antes de la llegada del monstruo están dando resultado. Aunque vuelen muchos tejados, ramas y objetos de todo tipo, espero de corazón que no sumen más muertos a los que Irma lleva ya acumulados.

Mientras tanto, aquí el sol sigue brillando por ratos. Brisa suave, con algunas nubes que pasan deprisa, y una gran calma. Irma viene más despacio de lo que en principio se esperaba. Mi amigo americano-español-filipino dice que ha vivido muchos huracanes en esta zona y que la tendencia es que una vez que toque las aguas del Golfo de México, sea arrastrado hacia el centro por sus corrientes. Si es así, de momento estaríamos salvados. ¡Ojalá mi amigo tenga más razón que el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos! Y no sé, será por eso de mi optimismo natural, pero creo que sabe lo que dice.

Pero los pronósticos son los pronósticos, y es bueno que los escuchemos, y en base a ellos la policía ha comenzado a dar vueltas por el barrio -el más antiguo de Fort Myers- pidiendo que evacuemos. Mandatory de evacuación. Con mis amigos de la tribu ya está todo hablado: tenemos nuestro refugio a prueba de huracanes y estamos convencidos de que es mejor que cualquier otro de carácter municipal. Porque la orden de evacuación es lo que añade: que todos los vecinos se dirijan a los refugios municipales. Confío en mis amigos más que en nadie, y estoy segura de que con ellos la visita de Irma no será tan desagradable, es más, hasta el momento lo que oigo y veo en las caras que me rodean son bromas, sonrisas y tranquilidad. ¿Qué más se puede pedir?