Fotos Dolores Collantes Jiménez

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Dolores Collantes Jiménez.-  Qué se puede decir que no esté ya dicho sobre José Miguel Moreno Sabio. La vida le ha cincelado con equilibrio y nos ofrece una persona con un interesante rodaje vital. Largos años de estudio, de sacrificios y de mucho trabajo y tesón, lo han convertido en un referente como docente y compositor.

Sin embargo, no creo equivocarme al afirmar que Josemi (como le gusta que le llamen) sabe bien que su mayor logro y triunfo es sentirse tan querido por todos aquellos que tienen la fortuna de conocerlo. Confiesa que le atrae la gente con inquietudes sociales y que prefiere la política productiva, y no la de adoración de banderas; es disciplinado y orgulloso de serlo, generoso, paciente y maestro del sentido común. Con naturalidad se hace dueño de ademanes que le definen como un caballero.

Manifiesta que en su día a día disfruta frecuentando lugares sencillos, y que cuando está lejos, sueña con frecuencia con el rico pescado frito y la visión del mar de Motril, su querida ciudad natal. Despliega una sonrisa de satisfacción y orgullo cuando dice que presume de tener la doble nacionalidad “motrileño-conquense”. Porque él adora Cuenca, su ciudad de adopción, por lo mucho que le ha dado para poder desarrollar su profesión, y donde tan feliz se encuentra.

Se aguanta la risa cuando recuerda que hasta su medio siglo de vida, no entendía de fútbol, y ahora, es abonado de su admirado Villarreal C F junto a su hijo Manu (Manusario Moreno) –que le adiestró y le contagió el gusanillo futbolero-, trata de no perderse un encuentro, y en sus escapadas como hincha, como buen gastrónomo aprovecha para bucear e investigar sobre las técnicas culinarias y culturales del lugar.

Su cara refleja emoción contenida cuando habla con admiración de su hijo, de sus compañeros, de sus alumnos…  Y me llama la atención cuando relata -le vislumbro un leve  gesto de incredulidad- que hasta la fecha, el compositor Francisco Alonso López (maestro Alonso) y él, son los únicos granadinos que han estrenado en el primer Teatro Lírico Nacional (La Zarzuela). Le bulle una mezcla de entusiasmo y alegría, que sabe frenar con la humildad propia de alguien que ha sabido escoger las notas musicales más simples, para   escribir el grato y extenso guión de su vida.

Durante la entrevista hemos tenido una testigo de excepción, su disciplinada pastora catalana “Nala”, fiel guardiana, que celebra feliz el término de la misma reclamando toda su atención. 

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¿Cómo se siente al haber sido designado por la Corporación Municipal motrileña para entregarle la distinción de Hijo Predilecto de Motril este próximo 27 de febrero, víspera del Día de Andalucía, en el Teatro Calderón? ¿Se siente profeta en su tierra?

Muy agradecido. No soy persona de estar buscando reconocimientos pero, cuando llegan, hay que ser agradecido, e intentar al mismo tiempo que el comportamiento como Hijo Predilecto sea ejemplar. Y me siento muy afortunado, casi más que si fuera profeta. Siempre que vengo se me trata muy bien. Cuando estoy en mi hábitat natural, que es la ciudad de Cuenca, no dejo de recibir llamadas y mensajes relacionados con la música. Tengo un contacto muy cercano con Motril, pero al ser funcionario de Educación no puedo venir todo lo que quisiera.

Tengo conocimiento de que acaba de terminar de escribir una pieza musical que dedica en exclusiva a la ciudad de Motril. Hábleme de esta obra.

Sí, ya está compuesta y cuando sea el momento oportuno será estrenada por la Joven Orquesta Ciudad de Motril con su director Javier Fernández al frente, pues ya tiene la partitura en su poder. Es una obra para orquesta que dura unos nueve minutos y se llama “Motril Alegorías del Mar”. En esta pieza musical trato de reflejar el aspecto social y el paralelismo que hay de Motril como ciudad vigorosa, tranquila y cercana al mar que se convierte en el puente de unión y por qué no decirlo, de salvación para muchas familias que llegan a nuestras costas huyendo de las guerras y del hambre.

Es una composición con mucho contenido, compleja y variada. Al ser música pura y carecer de texto cada uno experimentará al escucharla distintas emociones.  Espero que guste.

¿Cuando han interpretado alguna de sus composiciones en algún tipo de evento, alguna vez ha contemplado atónito que el resultado ha sido estrepitoso a pesar de ser magnífica la partitura? ¿Se ha dicho para sí mismo “tierra trágame”?

No. Estoy componiendo desde hace treinta y cinco años y en mi catálogo puede haber unas cien obras estrenadas y nunca me he encontrado una reacción adversa, posiblemente porque no practico un lenguaje complejo para el oyente. Siempre procuro hacer una partitura adecuada dependiendo de dónde se va a estrenar y el tipo de músicos que la van a interpretar. Recuerdo que cuando se estrenó en el Teatro de La Zarzuela mi ópera “Isabel”, durante las funciones didácticas, que fueron tres días seguidos, tuvimos mil niños dentro del Teatro asistiendo encantados a una hora de representación, que aunque fuese de temática infantil no dejaba de ser una ópera. Sin embargo, las reacciones fueron extraordinarias.

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En una de las funciones estaba en una localidad para invitados en la sala del Teatro, y vino el director de escena contándome que entre los niños que asistían de público, había uno que era ciego, y su maestra le iba contando lo que sucedía en cada escena. Una vez finalizada la representación subimos al escenario a la maestra con este niño y los niños que habían actuado en la función le cantaron algunas canciones y estuvieron dedicándole toda clase de atenciones. Él estaba entusiasmado. Fue muy emotivo ver que a través de una obra mía se desencadenaron esa serie de reacciones tan entrañables.

¿Qué opinión tiene sobre la casi inexistente educación musical en los colegios? ¿Qué remedio aplicaría?

¡Uy…! Este tema es muy complejo, porque se necesitan unos medios económicos muy grandes para conseguir llevar a cabo una educación musical completa. Actualmente los medios no están, pero tampoco veo voluntad por parte de los legisladores.

Aparece la asignatura de música en los colegios y los institutos, pero es algo que está puesto para ocupar un poco de espacio. Sería interesante que los alumnos pudieran tener su primera formación musical seria dentro de los colegios, al igual que ocurre en otros países. A día de hoy no pasa, nunca ha pasado y no tengo esperanzas de que pase. Para eso están las escuelas de música y los conservatorios.

Bajo su punto de vista, ¿gozan de buena salud las Bandas musicales españolas?

La de Motril se murió. Que una ciudad como esta no tenga una Banda Municipal de Música para mí es bastante preocupante ya que es un instrumento cultural de índole primera. Profesionalmente me muevo entre las provincias de Cuenca, Valencia y Castellón, y puedo dar fe de que allí hay unas bandas formidables, no son profesionales, son aficionados, pero muchas son monumentales. Se hace necesario que en Andalucía se expanda este tipo de Cultura porque esto enriquece mucho a la gente.

Si tuviera que definirse como compositor, ¿cuál cree que es su seña de identidad?

Esto es algo que tendrían que decirlo desde fuera. Según quién me escuche, así me juzga. Algunos me dicen que soy tradicional, otros que soy demasiado avanzado… Cada vez que compongo una obra nueva sencillamente hago lo que quiero. He hecho marchas de procesión y ahí no hay mucho margen de maniobra. En la música de concierto que he compuesto se puede decir que lleva el sello de “Moreno Sabio”.

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¿Cómo ha logrado guardar el equilibrio entre su faceta de profesor con la de compositor?

Muy mal. Soy docente y mi obligación es con mis alumnos y mi centro educativo. Cada vez que compongo algo de una cierta relevancia es a cambio de estar encerrado los fines de semana hasta altas horas de la madrugada. Y al día siguiente no puedo faltar a mis obligaciones laborales. A veces me piden una obra con mucha urgencia. Trato de sacar el tiempo de esta forma, ya que para mí lo primero es estar con mis alumnos en clase y en segundo lugar dejo mi vocación como compositor.

Qué le recomendaría a todos aquellos que en este momento están dudando en si adentrarse o no en el estudio musical, en seguir sus pasos. ¿Es rentable?

Depende de lo que se pretenda hacer. Si se quiere vivir de la interpretación musical en conciertos es muy complejo, porque hay instrumentistas muy buenos. Si su nivel musical entra dentro de la normalidad, debería pensar entre ser intérprete o docente. Todos los intérpretes por buenos que sean, siempre son también docentes. A mis alumnos siempre les recomiendo que si no quieren pasar penalidades tengan muy presente que la docencia será su principal medio de vida. Es cierto que existen algunas excepciones en las que te encuentras con grandes músicos que pueden vivir de tocar en las grandes orquestas sinfónicas. Pero son muy escasos.

¿Tiene algún tipo de ritual o manía antes de empezar a componer? ¿Se le suelen resistir las musas?

No. Picasso decía que estaba siempre pintando por si venía la musa que le pillara trabajando. No hay secreto, hay que estar siempre dispuesto a trabajar, y así, siempre llega la inspiración. Si tienes una fecha en concreto para entregar una obra, se trabaja más y mejor. Lo que puede fallar es la disposición. Se requiere un trabajo mental muy duro.

Hasta que una melodía consigue llegar al estreno, ¿qué etapa es la más difícil?

La más difícil es que te la encarguen y que esta sea de más o menos entidad o relevancia. Después de tantos años componiendo no me cuesta trabajo. Es para lo que me he formado. Yo quería ser compositor. Encontrar el tiempo es un serio obstáculo. Es curioso, cuando no tengo algún encargo por medio me siento un poco de bajón, y empiezo a pensar que quizás ya no gusten mis composiciones. Pero se me pasa rápido conforme van llegando los encargos.

En el extenso mundo de los autores musicales, ¿quién es su referente? Y si tuviera que escoger… ¿Cuál sería el mejor compositor y obra musical de la Historia de la Música?

Todos los grandes compositores que ha habido en la Historia de lo que se conoce como gran música europea, no considero a ninguno mejor que otro. Entre ellos escogería a Bach por su perfección técnica, cuanto más lo analizo más aprendo de cómo expresarme musicalmente, a veces digo que para mí él es el más importante, y entre su obra “ El clave bien temperado” que es una colección de 48 preludios y fugas que son el fundamento de toda la música posterior. Sin embargo, cuando voy a la ópera y veo una “Bodas de Fígaro” de Mozart, pienso que es la mejor que se ha escrito. Y cuando veo  “La Traviata” de Verdi, creo que es sublime. A mis alumnos siempre les digo que el fundamento de la música son: Bach, Handel, Beethoven, Shumann, Ravel, Wagner, Haydn, Mozart, Brahms, Mendelssohn y Chopin. Y dentro del siglo XX un Ravel, Debussy, Penderecki…

Tuve la suerte de poder formarme con los mejores maestros que existían en ese momento en composición y docencia: Carmelo Alonso Bernaola y Antón  García Abril.  Ellos también fueron mis referentes.

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¿Le gustaría mandar algún mensaje o consejo a la interminable lista de alumnos que han cursado estudios con usted?

Estoy dándoles consejos todo el día y sé que algunos estarán hasta el gorro de mí porque me preocupo y ocupo, y les digo: “Y cómo vas a hacer… Y qué no vas a hacer… Y qué estás haciendo… Y qué no estás haciendo… Y por qué no haces esto…”

Tienen mucha paciencia conmigo (y yo con ellos). No dejo de decirles que si quieren ser instrumentistas tienen que estar con los mejores maestros y estudiar mucho. Me pongo muy pesado. Sé que después estos consejos dan sus frutos porque cuando por ejemplo están ampliando su formación realizando másters en el extranjero no dejan de mandarme mensajes contándome sus avances. Y cuando regresan me vienen a ver. Eso me hace muy feliz.

¿Y a sus compañeros de docencia?

Los quiero a todos mucho. Tengo compañeros dentro de la docencia desde mis inicios. Nuestra relación es de gran respeto. Muchos son instrumentistas y tienen alguna obra mía. Me suelen llamar maestro, más que nada, porque me ven tan mayor… (risas) Y les digo: “¡Mis alumnos me llaman Josemi, si vosotros me llamáis maestro, lo que me transmitís es que no os fiáis un pelo de mí, así que, si no Josemi, que sea José Miguel!”.

Es innegable su genio y gran creatividad en el terreno musical, sin embargo, ¿en qué otro campo vital se podría decir que es usted un patoso Cum Laude?

En todos. Jamás he jugado al fútbol ni he hecho deporte, nunca he pintado, no sé jugar a las cartas… ¡Yo no sé hacer nada! Me considero un patoso. Bueno, además de componer me gusta escribir, el texto de mi ópera “Isabel” es mío. También me defiendo en la cocina, más que cocinar, lo que me gusta es comer bien. Especialmente una paella valenciana, un cocido madrileño y el potaje de hinojos motrileño. Cuando vengo a Motril trato de llevarme hinojos para congelarlos y preparar mis potajes.

A lo largo de su recorrido vital, ¿ha tenido que sacrificar muchas cosas por su vocación profesional?

Quizás tendría que haber atendido mejor a mi familia, en concreto, a mi hijo. La composición absorbe y resta mucho tiempo. Podría haberlo hecho mejor en algunos aspectos.

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En este momento, ¿en qué proyectos profesionales se encuentra inmerso?

Muchos. Mi trabajo como docente en el Conservatorio, colaboro con la Universidad Menéndez y Pelayo dando cursos de ópera, también con los Coros de Cuenca. Al mismo tiempo trato de sacar adelante las composiciones que me encargan que suelen ser unas cuatro obras anuales de cierta envergadura…

Además, tengo iniciado un proyecto vital muy complejo que está pendiente y que sólo lo conocen los muy cercanos. Es una ópera. Al paso que voy sé que no me va a dar tiempo a terminarla. Pero ya le tengo hecho el encargo a Carlos Galán de que sea él quien la termine, concretamente el acto segundo. Cuando hablo con mis amigos sobre esta ópera me refiero a ella como mi obra póstuma. Siempre doy prioridad a los encargos musicales.

Esta ópera tiene un ambiente motrileño. Hace referencia a un trágico acontecimiento que ocurrió hace muchos años “La Desbandá”. Mi madre fue quien despertó mi curiosidad sobre este tema. Cuando esto ocurrió ella tenía 7 años y vivía en el cortijo “Vista Alegre” de Motril, y fue testigo de este drama. Después me he ido documentando en profundidad e investigando por mi cuenta; llevo unos cuatro años trabajando de forma intermitente en esta obra y aún no tengo ni finalizado el libreto. Aunque no consiga terminarla es el proyecto del resumen de mi vida. Es muy emotiva y dura.

Haciendo un símil futbolístico haga un poco de autocrítica y defínase. ¿Cómo compositor en qué categoría y terreno se mueve? ¿En la primera división, segunda, regional preferente o tal vez en una peña de amigos?

¡La peña de amigos, no! (risas). Partituras mías se han interpretado en Bulgaria, Alemania, Estados Unidos, República Dominicana, Francia, Puerto Rico… Aunque generalmente mi música se toca más en España, sobre todo, en la zona centro. Me ubicaría como “regional preferente” que también viajan mucho. Lo de primera división lo veo como muy alto.

De su extenso y variado repertorio, ¿la ópera “Isabel” es quizás su composición musical más compleja?

No. Es con la que más he disfrutado. He escrito partituras mucho más complejas. Recuerdo una pequeña pieza para saxofón que duraba minuto y medio titulada “Momento Musical para un Cuadro Abstracto”. Fue muy complicado y me dio más trabajo mental que toda la ópera “Isabel”. La complejidad no es tanto la duración si no cómo es el proyecto en sí.

En la actualidad además de ser profesor también desempeña el cargo de Jefe de Estudios en el Conservatorio Profesional de Música de Cuenca “Pedro Aranaz”.

¿Va a aprovechar para innovar en algún aspecto y poner alguna idea en marcha?

Para inventar ya tenemos a nuestro director, Alfredo González, que es de primera categoría, además de ser un excelente gestor, profesor y amigo. Es tan innovador que cada mañana temo llegar y ver lo que ha inventado… A mí me toca cooperar para que estas ideas salgan adelante y también desarrollar la parte administrativa.

¿Qué le han aportado en su vida las ciudades de Motril, Albacete y Cuenca?

Motril es mi pueblo, aquí nací y estuve hasta los 17 años. Cuando acabé COU me trasladé a Madrid, ahí me formé en la Universidad y en el Conservatorio Superior. El mismo día que concluí mis exámenes de fin de carrera, un compañero me comentó que necesitaban un profesor de armonía en Albacete, que mandase mi currículum. Le contesté que no tenía ningún historial laboral, puesto que ese mismo día había finalizado con la prueba de la última asignatura. Total, que mandé mi información y a los tres meses me contrataron. Estuve tres años. En esta ciudad comencé y aprendí a enseñar, que es algo muy complejo. Nunca he vivido allí, iba y venía. Después tuve la oportunidad de irme a Cuenca que es donde he desarrollado el resto de mi carrera docente y desde donde ha salido toda mi obra musical, exceptuando los periodos vacacionales que suelo estar en Motril.

¿Sus conocimientos en Psicología le han ayudado a desarrollar sus composiciones de forma más eficaz para poder llegar directamente al alma de todo el que las escucha?

Estudié psicología porque aparte de ser una imposición familiar de que tenía que estudiar, yo quería una carrera en la que la parte humanista estuviera muy desarrollada. Estuve indeciso entre Historia del Arte y Psicología. Me decidí por la primera y me fui a la Autónoma con mi solicitud de inscripción, y al llegar tenía ante mí tres ventanillas: Historia del Arte y Psicología (con unas colas enormes delante) y la de Filología, que no me interesaba nada.

Estaba recién llegado a Madrid y tenía entradas para una audición en el Teatro Real.  Deseaba escuchar música grande bien hecha. Era una orquesta soviética. El tiempo iba pasando y las colas no se movían. Si no me apresuraba no llegaría a tiempo para el concierto. De pronto la cola de Psicología avanzó mucho y vi mi oportunidad para no perdérmelo. Taché de la solicitud Historia del Arte y puse Psicología. Por esta circunstancia estudié esta materia, para poder irme a un concierto. No acabé la carrera, cursé solo cuatro años: el primer curso tuve las ramas de Psicología y Filosofía, y en el segundo curso cometí el error de no decantarme por Filosofía pura porque era lo que realmente me gustaba.

¿Un buen músico nace o se hace? ¿Qué cualidades se tienen que reunir?

Se hace. Cualquier persona con formación musical puede llegar a ser un músico profesional como instrumentista, docente o compositor. Se requiere un mínimo de sensibilidad hacia los sonidos que sea desarrollable. Hay que estudiar mucho. La creación musical implica que exista un mensaje transmitido de ese lenguaje sonoro que se está manejando.

Por todos es sabido que los genios musicales son proclives a tener episodios explosivos y un carácter muy marcado y difícil. En este aspecto, ¿qué tal es José Miguel Moreno Sabio?

Soy normal y corriente, no me considero un genio. Recuerdo el último día de clase antes de Navidad que me enfadé mucho con un grupo de estudiantes porque habían hecho unos exámenes malísimos. Es lógico que espere que el progreso de mis alumnos sea parejo a lo que les doy en clase. Les eché una bronca monumental de la cual no me arrepiento.

Otras veces, cuando ves que metes la pata, intentas meterla cada vez menos y terminas aprendiendo. Cuando los alumnos ven que ya sabes algo, terminan hasta apreciándote (risas).

Siente o percibe que el Ministerio de Cultura, a través del Centro Nacional de Difusión Musical, incentiva de forma suficiente y correcta a los compositores, para que estos logren atraer hacia la música clásica a nuevos públicos y que esta se expanda más?

Para que un compositor tenga protección oficial se tiene que dedicar a estar todo el día llamando a la puerta de los despachos para conseguir encargos continuados e importantes. Esta faceta nunca la he hecho, ni me gusta, ni la haré. Algunas veces sí que he recibido encargos de músicos que para tocar en un determinado evento, ellos han podido encargar la obra a los compositores que han querido. De esta forma sí ha llegado a mí.

Ahora que está próxima su jubilación, ¿qué planes tiene y en qué piensa ocupar su tiempo una vez que esté disfrutando de ella?

Componer con más tiempo y tranquilidad. También el poder ir con más frecuencia a la ópera y a conciertos de primerísimo nivel. En Cuenca hay mucha actividad musical pero no es equiparable a Madrid. El Teatro Real es semejante a todos los grandes teatros de ópera europeos, como La Scala de Milán o el Covent Garden. Y tenemos magníficas orquestas como la Nacional y la RTVE que tienen sus grandes temporadas. Además hay de forma continua conciertos de extraordinarios solistas.

¿Se considera un hombre feliz?

Me considero normal. No sé bien cuál es la definición de felicidad. A todos nos faltan las personas que queremos y tenemos intranquilidades cotidianas en el día a día. Si la felicidad es no tener preocupaciones… Entonces, soy muy desgraciado, porque estoy todo el día inquieto, ya sea por mi hijo, por mi trabajo, por mis alumnos… Todo el día estoy preocupado por algo.

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