Laura Guardia.- “Parece que la campaña navideña arranca antes cada año”, comenta la psicóloga Gloria Fernández. “O quizá es nuestra percepción del tiempo, que se torna más frenética y escurridiza”, apostilla. El caso es que entiende que “si eres de esas personas que entra en pánico cuando ve el supermercado lleno de turrón, no estás sólo”. Y es que hay mucha más gente con esa misma sensación. Y no es únicamente por la certeza de saber que se avecinan prisas, compras y aglomeraciones, sino algo mucho más importante. “Hay personas que durante este periodo del año se enfrentan a un sentimiento de verdadera y profunda tristeza”, asegura la colegiada del Copao (Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental).

Pero, ¿qué pasa en estas fechas que provoca esta emoción de tristeza? Pues, según afirma Gloria Fernández, “lo primero que viene a la mente tiene que ver con aquellos que ya no están. Es un momento del año de familia, de ‘vuelve a casa por Navidad’. Un entramado de asociaciones que está en nuestro inconsciente colectivo. Es ahí donde la pérdida de un ser querido se hace más patente, donde un proceso de duelo se tambalea, y puede devolvernos a un punto de partida de dolor intenso, ya que todo nos trae buenos recuerdos. Tristeza, enfado y vacío pueden enredarse en nosotros como las luces de adorno del árbol en esos días de supuesta felicidad y armonía”.

¿Y a qué se refiere la psicóloga con lo de ‘supuesta’ felicidad y armonía? Pues, según explica, es porque otro de los problemas que aflora en tan festivo momento “es el hecho de la expectativa que tenemos de lo que tiene que ser la Navidad. El ‘postureo’, revisando ‘likes’ constantemente sin disfrutar del momento o quizás la frustración ya que no hay dinero que gastar, ni pareja ni apariencia o casa perfecta. Y es ahí donde vuelven las ausencias y los vacíos existenciales”.

De la misma manera, entiende que tampoco ayuda el hecho de que las personas entiendan que “es momento de hacer balance, esa introspección a la que nos sometemos, bastante distorsionada, poniendo el acento en todos los propósitos no cumplidos, que dispara un horrible discurso interno en bucle repetitivo. Como esos villancicos estridentes de los centros comerciales”.

Mensaje positivo
Dicho lo anterior, lo normal parece que sea que se atraganten las uvas esos días, ya que la Navidad parece diseñada cuidadosamente para despertar todo tipo de sensaciones desagradables, pero Gloria Fernández huye de una lectura tan negativa y lanza un mensaje de optimismo y positividad al afirmar que “la Navidad, como cualquier otro aspecto de la vida, es lo que tú hagas de ella. Puede ser una buena época para poner en práctica la aceptación, por ejemplo, de que es cierto que hay personas que ya no están con nosotros, pero su recuerdo, enseñanzas y experiencias compartidas, forman parte de nuestro bagaje y debemos usarlo como una gran fortaleza, lo que no equivale a olvidar, sino a aceptar”.

Para la colegiada del Copao, esa aceptación incluye también “ser benevolentes con nosotros mismos, no ponernos objetivos imposibles sino pequeñas metas realistas que nos conduzcan a mayores logros. Aprendamos a poner el foco en momentos valiosos y en las batallas ganadas del día a día. Si esta festividad te entristece, coméntalo y pregúntate a qué puede ser debido. Si no normalizamos los sentimientos negativos y los evitamos, se creará un malestar que terminará arraigando y yendo con nosotros el resto del año y la Navidad pasará, pero nuestros problemas no. Somos como somos y tenemos lo que tenemos. Ser feliz es aceptar y aceptar nos hace recordar qué bello es vivir”.

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